Tomates, lluvia y conservas: cómo aprovechamos todo para el invierno
Somos Matías y Laura, y este es uno de esos días bien típicos en Alma de Almeyra: lluvia afuera, la cocina encendida y muchos tomates esperando convertirse en conservas para los meses que vienen.
En este nuevo encuentro quisimos contarles, desde el presente, cómo es nuestra forma de organizarnos y aprovechar cada alimento. Desde que dejamos la ciudad y nos mudamos a un pueblo rural de la provincia de Buenos Aires, aprendimos que nada se tira y todo puede transformarse.
Esta vez arrancamos con tomates comprados de quinta, mientras esperamos que los nuestros sigan creciendo en la huerta. Los clasificamos uno por uno, porque cada tamaño y cada variedad tiene su destino:
Los más chiquititos, tipo perita, para tomates confitados
Los perita medianos, ideales para tomate al natural
Los más grandes, para salsa o para consumir frescos
Así, cada tomate encuentra su lugar.
🍅 Del cajón a la olla: el proceso paso a paso
Desde la cocina —con lluvia de fondo y el paisaje verde asomando por la ventana— empezamos con los tomates para hacer al natural. Los lavamos, les hicimos un pequeño corte en cruz y los escaldamos unos minutos para poder retirarles la piel fácilmente. Después del agua fría, la piel sale sola, casi sin esfuerzo.
Los tomates más grandes los procesamos para hacer una cobertura tipo puré, con muy poca sal y un chorrito de limón, que luego usamos para completar los frascos. Los más chicos los reservamos para confitar.
En todo este proceso hay algo que para nosotros es clave: aprovechar absolutamente todo. La pulpa que sacamos de los tomates confitados no se descarta, va directo a la salsa. Nada se pierde, todo se transforma.
🌿 Tomates confitados: aromas, horno y paciencia
Para los tomates confitados, los ahuecamos con cuidado, los acomodamos en una fuente bien aceitada y los condimentamos de manera simple: sal condimentada, orégano, laurel y una ramita de romero recién cosechada del jardín (siempre pidiendo permiso a la planta, como nos gusta hacer).
Después, al horno. Y ahí empieza la magia: el tomate se concentra, se dora apenas y toma un sabor profundo, riquísimo.
Una vez listos, los pasamos a frascos intercalando ajos machacados, un poco de las hierbas y completamos con aceite. Para mayor seguridad, agregamos un chorrito de vinagre o ácido cítrico y retiramos bien el aire antes de tapar.
🔥 Conservas para todo el año
Finalmente llega el momento del tratamiento térmico, ese paso tan importante para que las conservas se mantengan en perfecto estado. Los frascos calientes van al agua caliente y, cuando empieza a hervir suavemente y salen pequeñas burbujas de las tapas, sabemos que el proceso está cumplido.
Después solo queda esperar que enfríen, escuchar ese pequeño “clic” tan esperado que indica que se hizo el vacío, rotular con fecha y guardar.
Estas conservas no son para vender: son para nuestra casa, para el invierno, para tener a mano un pedacito del verano cuando afuera hace frío.
💛 Compartir lo que aprendemos
Las recetas que mostramos son las que a nosotros nos funcionan. Cada familia adapta, prueba y encuentra su forma. La idea siempre es compartir, mostrar que tener huerta —o incluso comprar directo al productor— permite aprovechar excedentes y seguir disfrutando los alimentos durante todo el año.
Si te gusta este tipo de contenido, te invitamos a ver el video completo donde mostramos todo el proceso, paso a paso, con detalles y charlas de cocina.
👉 Mirá el video acá: https://www.youtube.com/watch?v=Xo38qxkbZBY
Gracias por acompañarnos, por estar del otro lado y ser parte de este camino simple, rural y hecho con las manos.
Con cariño, Matías y Laura
Alma de Almeyra 🌿

