huerta y aprendizajes

La huerta nos enseña a esperar: sembrar, fallar y volver a intentar

Vida rural, huerta familiar y aprendizajes que van más allá de la tierra

La huerta no es solo un espacio donde crecen plantas…

Es un lugar donde se aprende a esperar.

Esperar que la semilla brote.

Esperar que el clima acompañe.

Esperar, incluso, cuando nada parece avanzar.

En Alma de Almeyra, la huerta se volvió una gran maestra.

No solo porque nos da alimentos, sino porque nos enfrenta, una y otra vez, a nuestros propios tiempos, a nuestras expectativas y a la forma en que elegimos pararnos frente a lo que no controlamos.

Porque cultivar no es dominar la tierra.

Es aprender a convivir con ella.


🌱 Sembrar con ilusión (y sin certezas)

Cada temporada empieza más o menos igual.

Manos en la tierra, semillas nuevas y una ilusión intacta.

Sembramos pensando en lo que vendrá…

En lo que vamos a cosechar…

En lo que vamos a cocinar…

En lo que vamos a compartir más adelante.

Hay algo profundamente esperanzador en ese primer momento.

Uno cree que, esta vez, todo va a salir perfecto.

Que el clima va a acompañar.

Que las plantas van a crecer fuertes.

Que no habrá imprevistos.

Pero la huerta no funciona así.

La huerta no promete resultados.

Promete procesos.

Y aceptar eso es el primer gran aprendizaje.


 

🌧️ Cuando la lluvia no pregunta

Este año, como tantos otros, la lluvia fue protagonista.

Llegó fuerte.

Llegó de golpe.

Llegó cuando no la esperábamos.

Hubo días de barro hasta los tobillos.

Plantas golpeadas.

Hojas caídas.

Brotes que parecían fuertes y no resistieron.

Y también hubo granizo.

De ese que arrasa en minutos lo que llevó meses de cuidado.

La frustración aparece.

Es inevitable.

Porque detrás de cada planta hay tiempo, trabajo y esperanza.

Y cuando algo se pierde, duele.

La huerta no es una foto linda.

No es solo verde y abundancia.

Es trabajo, es paciencia y es volver a empezar.


🌿 Fallar también es parte del camino

No todo creció como esperábamos.

Algunas plantas no prosperaron.

Otras quedaron en el camino.

Y en esos momentos aparece siempre la misma pregunta:

¿seguimos… o abandonamos?

La respuesta no siempre es automática.

Hay cansancio.

Hay dudas.

Hay días en los que dan ganas de dejar todo como está.

Pero algo nos empuja a seguir.

Elegimos seguir.

Ajustar.

Aprender.

Volver a sembrar.

Porque fallar no significa perder.

Significa entender qué no funcionó.

Y hacerlo distinto la próxima vez.


🌱 Aprender a mirar más despacio

La huerta también enseña a mirar.

A observar detalles que antes pasaban desapercibidos.

Una hoja que cambia de color.

Una planta que se inclina buscando luz.

Un brote nuevo que aparece cuando parecía que ya no iba a pasar nada.

En ese mirar atento hay algo muy profundo.

Algo que nos saca del apuro constante.

Algo que nos devuelve al presente.

La huerta no entiende de urgencias.

Tiene su propio ritmo.

Y si no aprendemos a respetarlo, simplemente no funciona.


 

🌿 Lo que sí creció

Entre todo eso, algo siempre crece.

A veces es la rúcula que vuelve a brotar después del granizo.

A veces es un zapallito que aparece cuando ya no lo esperábamos.

A veces es una planta que resistió más de lo que pensábamos.

Y otras veces… somos nosotros.

Crece la paciencia.

Crece la tolerancia a la frustración.

Crece la capacidad de aceptar que no todo depende de nuestro esfuerzo.

Crece el respeto por los tiempos de la naturaleza.

Y también por los propios.


🤍 La huerta como maestra de vida

La huerta enseña sin hablar.

No da explicaciones.

No negocia.

Simplemente es.

Nos recuerda que no todo es inmediato.

Que no todo se controla.

Que hay que confiar.

Confiar en la semilla.

Confiar en la tierra.

Confiar en el proceso.

Y entender que sembrar siempre vale la pena…

Aunque no sepamos exactamente cuándo llegará la cosecha.


🌿 Alma de Almeyra

Esto es parte de nuestra vida rural.

De nuestro emprendimiento familiar.

De la forma en que elegimos vivir.

La huerta es trabajo, sí.

Pero también es aprendizaje, conexión y sentido.

Seguimos sembrando.

Seguimos aprendiendo.

Seguimos esperando…

Y compartiendo el camino.

Gracias por leer…

Laura y Matías

Alma de Almeyra 🌿

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