Cosechar es tan importante como sembrar

Hay una trampa en la que caímos más de una vez, y sospechamos que no somos los únicos: te gusta tanto ver la huerta repleta, con los canteros llenos y prolijos, que te cuesta cosechar. Suena raro dicho así, pero es real. Uno siembra, cuida, espera — y cuando por fin está todo lindo, hay una parte que no quiere tocarlo. Y ahí es donde se te empieza a pasar todo.

 

Cosechar también es un trabajo de la huerta

Sembrar tiene su romanticismo: la expectativa, ver brotar la primera hojita, el semillero que va tomando forma. Cosechar, en cambio, parece un trámite menor, algo que «ya vendrá». Pero no es así. Cosechar es tan importante como sembrar.

Cosechar a tiempo es tan parte del trabajo como sembrar bien — si no cosechás, la planta se pasa, se pone leñosa, se va a flor, y perdés la ventana en la que realmente rinde.

Nosotros lo aprendimos con rúcula, con acelga, con varias hojas que se nos quedaron de más en el cantero simplemente porque no llegábamos a consumirlas, o porque, siendo honestos, nos gustaba más mirarlas ahí que cosecharlas.

Qué hacemos con lo que cosechamos

Con lo que sí llegamos a tiempo, comemos fresco y conservamos. De la acelga, por ejemplo, salió uno de los contenidos que más nos gustó hacer: un pan de acelga que mostramos en unos shorts del canal, te lo dejo acá abajo. Una forma rica de usar una hoja que a veces cuesta que entre en la mesa todos los días. La idea siempre es la misma: que lo que sale de la huerta no se quede ahí sin uso, sino que se transforme en algo que realmente comamos.

 

Lo que no llegamos a consumir: el compost como cierre, no como pérdida

Y acá viene la parte que más nos costó entender con calma, sin culpa. Hay verdura que, por más que cosechemos a tiempo, no llegamos a consumir toda — es mucha cantidad para lo que comemos nosotros, y eso termina en el compost.

Durante mucho tiempo eso nos generaba una sensación de desperdicio. Pero lo pensamos mejor y no es así: lo que va al compost no se pierde, vuelve. Se transforma en abono, y ese abono es el alimento que después nutre a los mismos bancales de donde salió. Es un círculo, no una pérdida. Así que no hay que hacerse tanta historia si no llegás a comer absolutamente todo lo que cosechás — siempre y cuando lo que sobra vuelva a la tierra.

Ahí sí hay una regla que para nosotros no es negociable: compostar es obligatorio. Ese es el punto donde no hay margen para la excusa de «no tengo tiempo» o «no sé cómo». Si compostás, cerrás el círculo y nada se pierde de verdad, aunque no lo hayas comido.

Lo que nos llevamos

Si te cuesta cosechar por las mismas razones que a nosotros — porque te gusta ver la huerta llena, porque «todavía puede esperar» — te diríamos dos cosas. Cosechar es tan importante como sembrar, animate a cosechar a tiempo, porque ahí es donde realmente se aprovecha el trabajo de meses. Y segundo, si aún así te queda de más, no te hagas drama: compostá, y esa verdura vuelve a la tierra en forma de alimento para la próxima siembra.

Si querés más ideas para aprovechar lo que sale de tu huerta en esta época del año, tenemos un ebook de conservas caseras pensado justo para eso: ebook de conservas descargalo gratis.

Seguimos sembrando…

Seguimos aprendiendo…

Laura y Matías

Alma de Almeyra 🌿

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