Como empezar tu primer huerta familiar

Nuestra Primera Huerta: Guía para Perderle el Miedo a la Tierra (y Unir a la Familia) Cuando vivíamos en Merlo, nuestra relación con las verduras era puramente comercial. Iban del cajón de la verdulería a la heladera, y de ahí al plato. No había misterio, pero tampoco había magia.

Al mudarnos a Almeyra, con Laura y con Fer —nuestro hijo de 11 años—, sabíamos que una de las primeras misiones era meter las manos en la tierra. Queríamos que las frutas de nuestras mermeladas y las ensaladas de nuestra mesa tuvieran nuestro apellido, nuestro esfuerzo.Pero seamos sinceros: la idea de «empezar una huerta» asusta. Uno piensa que necesita un doctorado en botánica o la «mano verde» de una abuela italiana.

 

Hoy, con las uñas un poco sucias y el corazón contento, queremos decirles que no es así. Empezar una huerta es un acto de fe y de paciencia. Y si nosotros, una familia urbana promedio, pudimos transformar un pedazo de campo duro en alimento, cualquiera puede.Aquí les dejamos nuestra guía básica, basada en nuestra experiencia (y en nuestros errores), para que se animen a dar el primer paso.

Paso 1: La Ubicación (O cómo nos volvimos cazadores de sol)El primer error de novato es elegir el lugar porque «queda lindo» o porque está cerca de la cocina. ¡No!. A la huerta no le importa la estética, le importa el sol. Las verduras necesitan luz, mucha luz. Al menos 6 horas de sol directo.

Nosotros pasamos los primeros días en Almeyra haciendo una especie de coreografía extraña, observando dónde salía el sol, qué árboles daban sombra a qué hora y dónde pegaba el viento. Busquen el lugar más soleado que tengan, aunque quede lejos de la manguera (ya solucionarán el riego). El sol es el combustible.

Paso 2: Preparar el Terreno (Gimnasio Gratis) Acá es donde la realidad te golpea (o te da dolor de espalda). La tierra de campo, si nunca se trabajó, puede ser dura como el cemento. Hay que romper la capa superficial, sacar los yuyos de raíz y airear el suelo.

Acá tengo que hacer una mención especial al trabajo duro, puff…. Mientras Laura y yo nos encargamos de la planificación y el detalle, Fer jugaba todo el día, verlo agarrar la bici y la pelota me volvía la energia al alma. La huerta se convirtió en nuestro gimnasio familiar y en un espacio de charla. Mientras punteábamos la tierra, hablábamos de cosas que quizás en el sillón de Merlo, con la tele prendida, no surgían. El trabajo físico compartido une de una manera distinta; hay una camaradería en el sudor y en el objetivo común, igual siempre empiecen de a poco. No quieran dar vuelta una hectárea el primer día. Un bancal de 2×1 metros es suficiente para arrancar.

Paso 3: Empezar con las «Fáciles» (Para no frustrarse)El entusiasmo inicial es peligroso. Uno quiere plantar sandías, alcauciles y espárragos el primer día. Error.

Para la primera huerta, el objetivo es cosechar algo rápido para motivarse. Nosotros elegimos las «guerreras»: * Rúcula y Radicheta: Son las reinas de la velocidad. Tiras la semilla y a los 20 o 30 días ya estás comiendo ensalada. Es gratificación instantánea. * Acelga: Es indestructible. Se banca el frío, un poco de olvido en el riego y sigue dando hojas enormes. * Zapallitos: En verano, una sola planta te alimenta a vos y a los vecinos. Ver crecer un zapallito día a día es fascinante. * Aromáticas: Perejil, albahaca, orégano. Tenerlas a mano cambia cualquier comida.Dejen los tomates y los morrones para el nivel 2. Al principio, busquen victorias fáciles que les den confianza.

 

Paso 4: El Riego y la Constancia (El Trabajo de Laura)

Una vez sembrado, empieza el verdadero trabajo: la espera y el cuidado. Acá Laura tomó la batuta. La huerta no pide mucho, pero pide constancia.

No sirve inundarla un domingo y olvidarse hasta el viernes. Necesita regularidad. Aprendimos a «leer» la tierra. Si metes el dedo y está seco, hay que regar. El mejor momento es la tardecita, cuando baja el sol, o muy temprano a la mañana. Esos momentos de riego se convirtieron en la terapia de Laura. Ella dice que es su momento de meditación, manguera en mano, viendo cómo el agua revive todo después de un día de calor.

Paso 5: La Cosecha (El Sabor de la Victoria)

Nunca voy a olvidar nuestra primera ensalada 100% propia. Era una fuente de rúcula y unos rabanitos picantes. Nos sentamos los tres a la mesa: Laura, Fer y yo. No era un plato gourmet, pero tenía un sabor que no conocíamos.

Fer dijo algo que me quedó grabado: «Qué loco que esto salió de ese pedazo de tierra dura que dimos vuelta, ¿no?». Y sí. Comer lo que uno cultiva te cambia la cabeza. Sentís el ciclo completo. Valorás cada hoja porque sabés el trabajo que costó. Y sobre todo, tiene un sabor intenso, real, sin cámaras de frío ni químicos.

Un Mensaje para los que Quieren Empezar… No necesitan vivir en Almeyra ni tener media hectárea. Pueden empezar en un balcón con macetas, en un patio chiquito o en un cantero.

Lo importante es reconectar con el proceso.Para nosotros, la huerta familiar fue mucho más que producir comida. Fue encontrar un proyecto que nos involucrara a los tres. Fue descubrir que, a los 50 o a los 20 años, la satisfacción de ver brotar una semilla es exactamente la misma.

Así que anímense. Consigan unas semillas, busquen el sol, y prepárense para ensuciarse las manos. Les aseguramos que la recompensa es deliciosa.

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