Entre lluvia zarzamoras y visitantes inesperados

Una semana en nuestra vida en Almeyra

Hay días —o semanas enteras— en que el campo parece decidir por uno. Lluvia que no afloja, caminos embarrados, plantas que avanzan más rápido de lo que alcanzamos a mirar. Y aun así, cada rato libre se convierte en una oportunidad para seguir construyendo este sueño que elegimos cuando dejamos la ciudad para instalarnos en el querido pueblo rural de Almeyra, en Buenos Aires.

Hoy queremos contarles un pedacito de nuestro día a día: cómo seguimos recuperando el espacio de la prehuerta, las sorpresas que aparecen entre las malezas, y esas pequeñas historias que hacen a la vida rural y que tanto disfrutamos compartir.

 La lluvia que no da tregua… pero no frena nuestras ganas

Llevamos varios días de lluvia y, aunque eso complica algunas tareas, también nos obliga a parar un minuto, mirar el terreno y tomar decisiones. La zarzamora —esa planta exótica que alguna vez trajimos con la ilusión de hacer dulce casero— decidió expandirse como dueña del lugar. Donde uno mira, hay ramas que pinchan, trepan y avanzan sin pedir permiso…Y sí: nos equivocamos.  Hoy lo decimos sin vueltas. Poner una planta invasora es jugar con fuego. Lo lindo del fruto nos enamoró en su momento, pero la realidad es que colonizó todo el espacio y ahora nos va a llevar dos, tal vez tres temporadas recuperarlo por completo. Pero en el campo se aprende haciendo, insistiendo y equivocándose también.

 

La prehuerta toma forma: maíz, rúcula y burrito

Entre un rato de lluvia y otro, seguimos avanzando. En la zona que será la prehuerta —la “huerta chica”, como nos gusta decirle— sembramos unas hileras de maíz- y no salió 😭, salvo una planta…

También hicimos una prueba con rúcula, usando semillas que recolectamos de plantas que habían quedado de temporadas anteriores. Ojalá broten y nos sorprendan. Justo al costado están los esquejes de burrito que puse. Agarraron espectacular. El aroma que largan cuando uno apenas roza las hojas es un mimo. Y ni hablemos de lo que es tomar mate con burrito… Eso sí: no pongo el burrito en la yerba, sino directamente en el agua caliente del termo. Así, cada cebada sale con ese toque verde, fresco y delicioso.

 Lo que vuelve a florecer cuando la zarzamora retrocede

Sacar la masa de zarzamora dejó al descubierto pequeñas joyitas escondidas: un cactus en flor, dos agapantus (no se como se escribe) que asomaron tímidos después de quién sabe cuántos meses debajo de las ramas…y hasta un burrito creciendo a la sombra, esforzándose por salir adelante. Si todo va bien —y si Dios quiere— el 8 de diciembre volveremos a ver los agapantus en flor, no este año pero si para el 2026. Un regalo del terreno que nos llena de ilusión.

 

De caracoles y babosas: molestos en la huerta, aliados en el compost

Una de las preguntas que más recibimos es por qué tiramos los caracoles al compost y no simplemente los sacamos del terreno. La respuesta es simple: en la huerta pueden ser una plaga, pero en el compost trabajan para nosotros. Las lombrices, aunque son las reinas del proceso, no pueden comerse hojas grandes o fibras duras de una sola vez. Ahí es donde los caracoles entran en acción: se comen rápido esas partes difíciles y dejan un material perfecto para que la lombriz termine de transformar en humus. Así, cada caracol que encontramos va derecho al compost, donde deja de “molestar” a los tomates y empieza a convertirse en un pequeño colaborador.

 El compost: tierra viva, sin olores y con un ejército trabajando

Muchos se sorprenden cuando lo mostramos, pero nuestro compost no tiene olor feo… Al contrario: huele a tierra húmeda, a bosque después de la lluvia. Está lleno —pero lleno— de lombrices rojas californianas. Si uno mueve apenas un poco la materia orgánica, el bicherío aparece en segundos.Y claro, eso a un visitante habitual de la huerta le fascina. Además cuando se cosecha el humus de lombriz es una fiesta para las plantas.

 

Jacinto, el hornero más atrevido del pueblo

Jacinto es parte de la familia. Un hornero que aparece cada vez que empezamos a remover tierra. Se para al lado, mira, observa, tira algún comentario (a su manera) y apenas ve un bicho, se lo lleva con total naturalidad… A veces lo encontramos caminando por el pasillo de la cocina como si fuera su casa. Un personaje hermoso. Mientras trabajamos, él también “da una mano”. Y si el día está caluroso, es el primero en recordarnos—sin decir palabra—que ya es hora de un descanso.

Vivir en Almeyra: aprender todo el tiempo

Cada día acá es distinto. Un día te peleás con la zarzamora, otro te emocionás encontrando un cactus en flor, y otro descubrís que los caracoles son mejores ayudantes de lo que imaginabas. Entre mate con burrito, tierra húmeda, plantas que resurgen y la compañía de Jacinto, vamos recuperando este espacio que soñamos hace años. Nos gusta pensar que la huerta es una escuela donde la naturaleza es la maestra: nos enseña paciencia, respeto y observación. Y también nos recuerda que, aunque llueva, aunque se complique, vale la pena cada paso del camino. Gracias por acompañarnos… les dejo el link de nuestro video asi conocen de lo que habla el post, gracias por estar del otro lado, por el like, por suscribirse, por los comentarios, por sentirse parte…Desde Almeyra, seguimos compartiendo nuestra vida, nuestra huerta y nuestros aprendizajes.Nos vemos en el próximo capítulo.

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