La tarde en que estaba donde tenía que estar

Trasplante de lechugas mantecosas

Hay tardes de huerta que son solo trabajo, y hay tardes que son otra cosa. Esta semana tuve una de esas otras. Estuve trasplantando lechuga mantecosa —la que veníamos criando en almácigo desde hace unas semanas— y mientras llenaba el bancal, plantín por plantín, me pasó algo que no esperaba: sentí, con una claridad rara, que estaba exactamente en el lugar donde quería estar.

No fue un REVELACIÓN ni una epifanía de esas que uno arma después para que quede bien en un texto (jajaja).

Fue más simple que eso. Fue la tierra fresca en las manos, el sol de esta época del año que todavía pega lindo, y ese ritmo repetitivo de sacar el plantín del almácigo, hacer el pocito, acomodarlo, tapar, seguir. Repetir. Repetir. Y en algún punto de esa repetición, la cabeza se queda tranquila.

 

De la semilla al bancal: el camino de la mantecosa

La lechuga mantecosa es de esas variedades agradecidas para quien recién arranca en esto de sembrar: crece con ganas, no es demasiado exigente, y tiene esa textura de hoja suave (de ahí el nombre) que la hace ideal para ensaladas de todos los días. Nosotros la venimos sembrando en almácigo, que —por si no lo conocés— es básicamente una guardería para plantines: un espacio chico, controlado, donde las semillas germinan protegidas antes de salir al mundo real del bancal definitivo.

El trasplante es ese momento bisagra. Es cuando el plantín deja la comodidad del almácigo y se juega su suerte en la tierra grande, con el clima, los bichos y todo lo demás. Por lo menos para mí, siempre es un poco de intriga: uno nunca sabe del todo cómo van a responder hasta que pasan unos días y los ve prendidos, erguidos, con ganas de seguir creciendo.

Esta vez el trasplante fue redondo. Nada de imprevistos, nada que arreglar sobre la marcha. Solo una tarde fluida, de esas que agradecés cuando las tenés, porque no siempre son así (el que tiene huerta sabe que el clima, las heladas o una plaga inesperada pueden convertir cualquier cultivo tranquilo en un problema para resolver rápido).

Llenar el bancal, llenar algo más

Lo que más me quedó de esa tarde no fue tanto la lechuga en sí —que ya va a estar buena para cosechar en unas semanas— sino esa sensación de estar haciendo exactamente lo que tenía que estar haciendo. Suena simple dicho así, pero no lo es tanto. Venimos de una vida en el conurbano donde el «estar en el lugar correcto» casi nunca se sentía en el cuerpo, se pensaba. Acá, arrodillado frente al bancal con las manos en la tierra, se siente. Literal.

Hay algo en el trabajo manual y repetitivo de la huerta que ordena la cabeza de una manera que ningún otro trabajo me ordenó antes. No es que no haya pensamientos dando vueltas —los hay, siempre— pero hay un fondo de calma que los acompaña. Uno va llenando el bancal de plantines y, sin darse mucha cuenta, también va llenando algo adentro.

Y quiero ser honesto: no es que cada tarde de huerta sea así de linda. Hay tardes de mosquitos, de calor pesado, de espalda que reclama, de plantas que se mueren sin explicación aparente. Esta nota no es para idealizar la vida rural (ya sabés que no es lo mío romantizar esto). Pero cuando aparece una tarde como esta, vale la pena pararse a reconocerla y contarla, porque son las que después uno recuerda cuando alguien pregunta «¿y valió la pena el cambio?».

 

Qué sigue para estas lechugas

Ahora toca esperar. Las próximas semanas van a ser de riego regular, de vigilar que no aparezcan babosas (las mantecosas les encantan, lamentablemente) y de ir viendo cómo prenden. Si todo va bien, en unas semanas vamos a tener mantecosa fresca para las ensaladas de todos los días, que es de esas cosas simples que más disfrutamos del proyecto.

Si vos también estás pensando en arrancar con tu propia huerta, o ya la tenés y querés organizar mejor cuándo sembrar cada cosa, tenemos un calendario de siembra que armamos justamente para eso: DESCARGAR CALENDARIO DE SIEMBRA GRATIS.

Te ayuda a no andar adivinando cuándo va cada variedad según la época del año.

Gracias por estar.

Seguimos sembrando…

Seguimos aprendiendo…

Laura y Matías

Alma de Almeyra 🌿

 

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