la música de fondo

Hay una escena que se repite en casa más seguido de lo que podríamos explicar con palabras: estamos trabajando, caminando de un lado al otro de la casa, y de fondo suena el piano. Es Fer, nuestro hijo, tocando alguna de sus canciones. A veces son temas que ya escuchamos, a veces son cosas que está componiendo en el momento, probando acordes hasta que encuentra el que le cierra. Y ese sonido, de fondo, se convirtió en la banda sonora de nuestra vida acá en Almeyra.

Por eso el título de esta entrada. Porque la música literalmente es nuestra música de fondo. Y no es una forma de decir: es así, todos los días.

Una familia, tres instrumentos, una misma pasión

En casa cada uno tiene lo suyo. Laura canta y toca la flauta melódica. Yo un poco de acordeón, la guitarra y el charango. Y Fer, que es el más chico, es el que más lejos llegó: toca piano y guitarra, y encima compone sus propias canciones.

Nos gusta mucho el folclore, la música nacional. Esa que tiene tierra adentro, que habla de lo que somos, de dónde venimos. Tocar juntos folclore en el comedor de casa, en un pueblo de quince manzanas rodeado de campo, tiene un sentido que en la ciudad no tenía. Acá la música encaja con el paisaje de una forma que antes no encajaba.

No sé si es la tranquilidad del pueblo, o el tiempo que hoy tenemos y antes no teníamos, pero la música dejó de ser algo que hacíamos «cuando había tiempo» para convertirse en parte del tejido normal de nuestros días.

 

Fer y el piano

Quiero detenerme un poco en Fer, porque lo que le pasa con la música nos parece hermoso de ver como padres. Nuestro hijo se expresa muy bien a través del piano y de sus propias canciones. Hay cosas que capaz no te cuenta con palabras, pero que se las escuchás tocar. El piano es, para él, otro idioma.

Y no es solo un hobby aislado: las cortinas musicales de nuestro canal de YouTube son composiciones de él. Cada vez que empieza o termina un video de Alma de Almeyra, lo que están escuchando es a nuestro hijo tocando algo que él mismo compuso. Nos da una alegría enorme poder sumarlo así al proyecto familiar, que también deje su huella ahí, a su manera.

Los momentos que la música nos regala

Hay algo en tocar juntos que nos conecta de una forma distinta a cualquier otra actividad familiar. Capaz estoy un rato libre, me siento a tocar alguna canción en la guitarra o el charango, y de repente Laura, que anda cocinando o haciendo cualquier otra cosa por la casa, empieza a cantar desde la cocina. Sin planearlo. Sin decir «che, toquemos algo». Simplemente pasa.

Y ahí estamos los tres, cada uno en lo suyo pero todos metidos en lo mismo: Fer en el piano, Laura cantando o con la flauta, yo con la guitarra o el acordeón. No hace falta organizar nada, no hace falta ni siquiera estar en la misma habitación al principio. La música nos va juntando sola.

Son esos momentos que, si tuviéramos que explicarle a alguien de afuera por qué elegimos esta vida, probablemente serían parte central de la respuesta. No es solo el aire de campo, ni la huerta, ni los tiempos más tranquilos. Es también esto: que la música tenga lugar para pasar, que no compita con mil otras urgencias, que pueda aparecer un martes cualquiera a la tarde sin que nadie la haya invitado.

 

La música como lugar de encuentro

Nos gusta pensar que, en el fondo, la música cumple en casa una función parecida a la de la huerta o las conservas: es otra forma de estar presentes, de hacer algo con las manos (o con la voz) que nos saca del piloto automático. La diferencia es que la huerta la trabajamos, y la música más bien la habitamos. Aparece, la dejamos entrar, y después nos damos cuenta de que fue un buen rato.

No sabemos si Fer va a seguir este camino toda su vida, pero ser escritor y músico sin duda es lo que mejor le sale, el piano va a ser siempre parte de su vida y de la nuestra. Tampoco sabemos si Laura y yo vamos a seguir cantando y tocando dentro de diez años, pero nos encanta hacerlo. Por ahora, esto es lo que somos: una familia que se encuentra, casi sin buscarlo, alrededor de unos acordes que suenan de fondo mientras la vida sigue pasando.

Seguimos sembrando…

Seguimos aprendiendo…

Laura y Matías

Alma de Almeyra 🌿

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll al inicio