de la huerta a las bandejas de ensaladas del almacén del pueblo
Esta semana hicimos algo que hasta hace poco nos sonaba a «algún día»: llevamos nuestras primeras bandejas de ensaladas al almacén del pueblo. Adentro va todo lo que cosechamos en la huerta: mizuna, rúcula y lechuga, lavadas y armadas por nosotros.
Y como la historia tiene varias capas (una verdura nueva que nos sorprendió, una venta que nació casi de casualidad y una confianza que nos movió bastante por dentro), vamos por partes.
Cómo terminamos vendiendo ensaladas si nos pidieron dulce de leche
Todo empezó con otra cosa. En el almacén del pueblo nos pidieron dulce de leche y mermeladas. Y les dijimos que en la huerta también teníamos hojas para cosechar y que podíamos armar bandejas de ensaladas. La propuesta salió de nosotros, pero la respuesta fue clara: nos pidieron bandejas.
Por lo menos para mí, ese es un momento lindo y un poco intimidante a la vez… Una cosa es tener la huerta llena de hojas para la mesa de casa, y otra muy distinta es que alguien cuente con vos para su negocio. Pero esa presión, en lugar de frenarnos, nos ordenó: si lo vamos a hacer, lo hacemos bien, con las hojas bien lavadas y la bandeja bien armada.
Las bandejas: rúcula, lechuga y mezclum
Por ahora armamos tres tipos de bandeja:
- Rúcula sola, para los que quieren ese picantito de entrada.
- Lechuga sola, suave y fresca, la de toda la vida.
- Mezclum, que es como le llamamos a la que lleva las tres: mizuna, rúcula y lechuga juntas.
El proceso es simple, aunque lleva su tiempo: cosechamos directamente de la huerta, lavamos las hojas y las armamos en las bandejitas. No hay mucho misterio ni mucha maquinaria, solo manos, agua y ganas de que llegue bien al almacén.
Lo que nos gusta del mezclum es que cada hoja pone lo suyo. Aunque conviven bien en la huerta y en la bandeja, cada una tiene su carácter. La lechuga es la base amable: tierna, de sabor neutro, la que le gusta a todo el mundo. La rúcula es la intensa, con ese gustito picante que se nota. Y la mizuna queda en el medio: crujiente, aserrada y de color bordó y violáceo y con una picantez muy suave. Por eso el mezclum funciona tan bien: cada hoja cubre lo que a las otras les falta, y el resultado es una ensalada con más matices que cualquiera de las tres por separado. Es de esas mezclas que se arman solas en el plato, y además se ven lindas: verdes distintos, hojas de formas distintas.
La mizuna: la gran sorpresa de la temporada
Esta es la primera vez que cultivamos mizuna, y la verdad que fue espectacular. Si no la conocés, es una hoja de origen japonés, finita, con los bordes aserrados y un sabor suave. Para nosotros fue mejor que todas las demás y, lo más importante, re fácil de cultivar. Esas son las dos cosas que uno busca cuando prueba algo nuevo en la huerta: que rinda y que no dé trabajo de más.
Así que, por ahora, la mizuna tiene todo para quedarse en la huerta. Y si estás empezando con la tuya, te la recomendamos sin dudar, igual que a la rúcula y la lechuga: las hojas son, para nosotros, el mejor punto de partida porque dan resultados rápido y levantan el ánimo.
Por qué las hojas son ideales para una huerta chica
Si algo nos enseñó esta experiencia es que las hojas son agradecidas. Se siembran sin demasiada vuelta, crecen rápido y, bien cosechadas, siguen dando. En el caso de la lechuga de hoja suelta, la rúcula y la mizuna, la idea general es cortar las hojas externas o cortar a unos centímetros del suelo, y dejar que la planta rebrote. Así una misma planta te regala varias cosechas en lugar de una sola. Para una huerta que se va ampliando de a poco, como la nuestra, eso es oro: mucho rendimiento en poco espacio.
Además, las hojas tienen algo que no es menor cuando uno piensa en vender: se consumen rápido. Una ensalada no es un frasco de mermelada que queda meses en la alacena; es un producto fresco, y eso nos obliga a pensar en tiempos, en cantidades razonables y en cosechar cuando corresponde. Para nosotros, que veníamos trabajando más con dulces y conservas, fue un cambio de ritmo bien interesante.
Las babosas, las de siempre
Imprevistos, lo que se dice imprevistos, no hubo. Salió todo bastante bien, y eso ya es mucho decir en una huerta. La única que sigue haciendo de las suyas son las babosas, que como siempre le meten un mordisco a las lechugas (son como esos invitados que nadie llamó y que igual aparecen, jajaja). Dentro de todo, la cosecha salió bien y las bandejas se pudieron armar sin problema.
Lo que más valoramos: la confianza
Más allá de las ventas (que, claro, siempre ayudan), lo que más nos quedó de estas primeras bandejas es otra cosa: se valora el trabajo que venimos haciendo. Que un almacén del pueblo confíe en lo que cosechamos y que la gente se lleve a su casa una ensalada de nuestra huerta es, por lo menos para nosotros, la mejor devolución que podíamos esperar.
Porque vender es una cosa, pero que confíen en uno es otra. Un producto fresco, que la gente va a comer tal cual, sin cocinar ni pasar por frasco, pide un nivel de confianza distinto. Y sentir que ese voto de confianza llegó (primero con el dulce de leche y las mermeladas, ahora con las ensaladas) nos da ganas de seguir cuidando cada detalle.
Cómo conservar las hojas frescas en casa
Ya que hablamos de ensaladas frescas, un par de recomendaciones generales para que las hojas te duren más, sean nuestras o de tu propia huerta:
- Secalas bien. Si guardás hojas mojadas, se pudren más rápido. Un secador de ensaladas o un repasador limpio hacen el trabajo.
- Un papel absorbente adentro. Guardalas en un recipiente con tapa y un papel de cocina que absorba la humedad.
- Heladera, y a consumir pronto. Las hojas tiernas como la mizuna o la rúcula se aprovechan mejor en los primeros días.
Ideas para disfrutar el mezclum
No hace falta complicarse. Un buen aceite de oliva, unas gotas de limón, sal y listo. Si querés algo más armado, le va muy bien un poco de queso, nueces o alguna fruta de estación. Y la mizuna, que es más suave, se banca hasta una pasada rápida por la sartén.
Lo que viene
Esto recién empieza. Estas primeras bandejas nos dejaron con la sensación de que la huerta puede dar bastante más de lo que imaginábamos, y que el camino de ir sumando hojas, probando variedades nuevas y llevando lo que cosechamos al almacén tiene mucho para recorrer. Todavía estamos aprendiendo (siempre estamos aprendiendo), pero esta vez con una certeza: lo que se hace con cariño y con tierra propia, se nota.
Si querés empezar tu propia huerta de hojas, armamos un calendario de siembra para que sepas qué sembrar y cuándo: descargalo acá. Y si querés vernos en acción, pasá por nuestro canal de YouTube
Seguimos sembrando…
Seguimos aprendiendo…
Laura y Matías
Alma de Almeyra 🌿


