No me gusta nada el invierno. Lo digo así, sin vueltas, aunque viviendo donde vivimos y haciendo lo que hacemos parezca casi una contradicción. Pero es la verdad, por lo menos para mí: los días cortos, la luz que se va temprano, el frío que se mete en todo — no es la parte de la vida rural que más disfruto. Al contrario la padezco un poco jaja..
Por eso agosto es distinto. Agosto es el mes en el que empezamos a ganarle al invierno.
Lo que cambia, aunque no se note de golpe
No es que agosto traiga calor, ni mucho menos. Todavía hay heladas, todavía hay mañanas grises. Pero hay algo que sí cambia, y se siente aunque el termómetro no lo muestre: los días empiezan a alargarse. Hay más sol, hay más luz repartida a lo largo de la jornada. Y para alguien que pasa el invierno un poco a la espera de que termine, eso alcanza para cambiar el ánimo entero.
Es curioso cómo algo tan simple como unos minutos más de luz por día puede funcionar como una especie de bisagra emocional, no solo agrícola. En la huerta agosto se conoce como el mes previo a la primavera, el momento de preparar todo para lo que viene. Y en lo personal, para mí, es exactamente lo mismo: el mes en el que empiezo a prepararme para volver a tener ganas.
Salir de la oscuridad
Si tuviera que resumir lo que siento con la llegada de agosto, sería eso: como salir de la oscuridad. No de una oscuridad dramática, sino de esa sensación más silenciosa que trae el invierno — de repliegue, de esperar, de hacer las cosas con menos entusiasmo simplemente porque hay menos luz para hacerlas. Agosto empieza a devolver esas horas, y con ellas vuelven también las ganas de soñar con lo que viene: la huerta llena, los días largos, el trabajo afuera sin apurarse por el frío.
No sé si a vos te pasa lo mismo, pero sospecho que no soy el único al que el invierno le cuesta y que encuentra en este mes bisagra una especie de alivio silencioso. Quizás sea algo bastante humano: necesitar ver que la luz vuelve para animarse a proyectar de nuevo.
Para mí, el 21 de junio el dia más corto del año y comienzo del invierno, es casi especial, porque a partir de ese día los días empiezan a alargarse. Cada día un minuto más dicen, no sé si el dato es real pero ma basta para saber que el sol empieza a ganar la partida.
Vivir en el campo no es solo el verano lindo
A veces, cuando mostramos la vida acá, se ve la parte más amable — la cosecha, la huerta verde, los atardeceres. Pero la vida rural también incluye este otro costado: el invierno que cuesta, los meses en los que hay que sostener el ánimo mientras se espera que las condiciones mejoren. Y agosto, con sus días que se alargan de a poco, es el recordatorio de que eso siempre pasa. El invierno no dura para siempre, aunque en julio a veces lo parezca.
Así que si este invierno también se te hizo largo, si también estuviste esperando que algo cambie, te digo esto: agosto ya llegó. Los días ya se están alargando. Y con ellos, de a poco, también puede volver esa parte nuestra que en invierno se queda un poco callada.
Pido disculpas al team invierno jajaja…
Seguimos sembrando…
Seguimos aprendiendo…
Laura y Matías
Alma de Almeyra 🌿


