Cosecha de zanahorias segunda parte

Hay días en la huerta que arrancan como excusa para otra cosa —hoy fue así. Laura me dijo «vamos a buscar una zanahoria para el puchero» y terminamos con la cámara filmando media hora, porque así somos nosotros: cualquier salida rápida se convierte en contenido (jajaja). Fue medio desprolijo, improvisado, sin plan —pero por eso mismo salió más real que cualquier cosa que hubiéramos planeado de antemano.

Pero bueno, vamos a lo que importa: la cosecha de zanahorias de este año nos dejó una lección que ya veníamos arrastrando de otras experiencias en la huerta, y que esta vez sí quedó bien clara.

 

El error de no ralear

Cuando sembramos las zanahorias, las pusimos muy juntas. Y no las raleamos a tiempo. El resultado: muchas plantas compitiendo por el mismo espacio, luz y nutrientes, y zanahorias que no llegaron a desarrollarse como tendrían que haber hecho. Algunas quedaron chiquitas, casi de juguete —le decíamos «bonsái» a una en el video, porque parecía una zanahoria en miniatura, de esas que dan gracia más que bronca.

Por lo menos para mí, este es uno de esos errores que uno comete una vez y no quiere repetir. Ralear no es opcional: es la diferencia entre una zanahoria que se desarrolla bien y una que se queda a mitad de camino porque no tuvo lugar para crecer. La semilla de la zanahoria es diminuta (por eso es tan tentador sembrar «de más», pensando que total no todas van a salir), pero cuando germinan casi todas, hay que animarse a sacar las de más para dejarle aire a las que quedan.

Nos pasó algo parecido, hace tiempo, con las gallinas: se nos llenaba de gallos y no nos animábamos a carnearlos. Es el mismo patrón, en el fondo: nos cuesta «elegir» entre lo que va a quedar y lo que no. Queremos darle la oportunidad a todo de crecer, y a veces esa generosidad juega en contra —tanto en la huerta como en el gallinero. Y ojo, no lo decimos con culpa ni con drama: nosotros no somos gente de campo de origen, venimos de la ciudad, así que estos errores son parte del proceso de aprender un oficio que no nos enseñaron de chicos. Lo raro sería no equivocarse.

La sorpresa de cada zanahoria

Lo que más nos gusta de cosechar zanahorias es que es literalmente una lotería. Vos vas sacando de a una y no sabés qué te vas a encontrar: una gigante, al lado una que no desarrolló nada, después una perfecta para el puchero. No hay forma de saber desde afuera cuál va a sorprenderte, porque la parte que ves desde arriba —el follaje— no te dice gran cosa sobre lo que pasó debajo de la tierra.

Nos pusimos casi a «espiar» la tierra, buscando con la mirada cuál iba a salir más grande, cuál más chica, sin apurarnos. Hubo una que directamente se resistió: quedó reenganchada en la tierra y tuvimos que ir a buscar una herramienta para poder sacarla entera sin partirla. Y claro, después de tanto esfuerzo, quedamos con la intriga de si esa iba a ser la más grande de todas o no.

Esa incertidumbre tiene su lado lindo. Ya en un video anterior les habíamos mostrado todas las zanahoritas chiquitas que habían salido. Esta vez fue distinto: fuimos sacando y, entre risas, empezaron a aparecer zanahorias grandes, bien formadas, con ese olor fuerte a zanahoria recién sacada de la tierra que —para el que nunca lo sintió— es una experiencia en sí misma. Es un olor que no se explica bien con palabras, hay que sentirlo con la zanahoria todavía tibia de sol en la mano.

Las más chiquitas no se descartan, ojo: van para encurtido. Nada se tira. Las grandes, directo al puchero de hoy, que es justamente lo que había salido a buscar Laura cuando arrancó todo esto.

 

Lo que nos llevamos de esta cosecha

Cada temporada de huerta nos enseña algo nuevo, y esta vez el aprendizaje fue concreto: la próxima vez que sembremos zanahorias, vamos a ralear a tiempo, sin miedo a «eliminar» plantas para darle espacio a las que quedan. Es una técnica, no un secreto —simplemente hay que aplicarla en el momento justo, cuando la semilla germina y las plantitas todavía son chicas, antes de que empiecen a competir entre ellas por espacio bajo tierra.

Si vos también estás por sembrar zanahorias (o ya las sembraste y las ves muy juntas), este es el momento de ralear. No esperes a la cosecha para descubrir que faltó espacio, porque para entonces ya no hay vuelta atrás.

Si querés organizar bien tus tiempos de siembra —incluyendo cuándo sembrar y cuándo ralear cada cultivo, para no repetir el mismo error que nosotros— tenemos un calendario de siembra gratuito que armamos justamente para eso. Podés descargarlo acá.

Y si querés ver toda la cosecha en video, con la cara de sorpresa incluida (y el momento en que casi se nos escapa una zanahoria reenganchada en la tierra), te dejo el video acá abajo

 

Gracias por leer

Seguimos sembrando…

Seguimos aprendiendo…

Laura y Matías

Alma de Almeyra 🌿

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