Huerta en invierno

lo que sobrevive, lo que no, y las babosas que no perdonan

Paró de llover. Por fin.

No es poca cosa cuando llevás días mirando por la ventana con ganas de salir y la tierra no te deja. Así que en cuanto el cielo dio señales de tregua, nos fuimos directo para afuera a ver cómo andaba todo.

Y bueno… hay de todo. Cosas que alegran, cosas que dan un poco de tristeza, y babosas. Muchas babosas.


El enemigo silencioso: las babosas en invierno

Si alguien me hubiese dicho al principio de este proyecto que el mayor problema de la huerta en invierno no iba a ser el frío ni la helada sino las babosas, no lo hubiera creído. Y sin embargo acá estamos.

Este año se la agarraron con todo. Los brócolis, casi liquidados. Los coliflores, idem. Trasplantamos unas lechugas mantecosas y unas espinacas, y ya se las están empezando a comer. En algunos casos directamente no queda nada: solo el tallito, parado ahí como recordatorio de lo que alguna vez fue una planta.

Lo peor es la impotencia. No hay forma de pararlas del todo. Probamos cosas, seguimos probando, y mientras tanto ellas siguen de fiesta.

La decisión fue no poner cobertura en el segundo bancal (algo que normalmente hacemos porque ayuda a mantener la humedad y proteger la tierra). Con tanta babosa, la cobertura se convierte en refugio de lujo para ellas. Así que por ahora, tierra al descubierto y a ver cómo responde.


 

Lo que está saliendo bien, que también hay

Pero no todo es desolación, que conste.

La acelga está hermosa. Frondosa, verde, con esas hojas grandes que dan ganas de cocinar algo ahí mismo.

Sí, se la comen en parte (las babosas, claro), pero lo que queda alcanza y sobra para nosotros. Con la cantidad que tenemos sembrada, siempre hay para cosechar.

El kale también sorprende. A pesar de estar en una parte con bastante sombra, se está defendiendo bien. Parece que le gusta el frío, o al menos no le molesta tanto como a otras.

Las lechugas de la parte con más sol tienen más chances. Allá al fondo hay una que va a tener casi sol pleno, y esa le tenemos más fe. También trasplantamos más en el segundo bancal nuevo, y tenemos otra tanda en la plantinera esperando turno.


El segundo bancal y la eterna esperanza del que siembra

Una de las cosas que hicimos estos días fue terminar el segundo bancal. El primero ya lo habíamos mostrado en un video anterior (te dejo el link más abajo si querés verlo), y ahora el segundo está listo.

Ahí pusimos verdeo en toda una fila, remolachas, cebollas, y para mantener viva la llama: dos brócolis y un coliflor. Porque uno sigue teniendo esperanza, ¿no? Aunque las babosas hayan diezmado los anteriores, siempre hay lugar para intentarlo de nuevo.


Los rabanitos y el tema del sol

Los rabanitos están ahí, creciendo, pero el bulbo no aparece. Y la razón es simple: les falta sol.

Esta parte de la huerta tiene poca luz en esta época del año, y el rabanito necesita sol para engordar la raíz. Las hojas están bien, pero abajo no pasa nada todavía. Vamos a esperar, con la esperanza de que a medida que los días alarguen un poco más, el sol empiece a llegar.

Lo mismo con las remolachas: están chicas, pero creciendo. El perejil y la acelga, que se conforman con menos luz, están mejor parados que todo lo demás.


 

Verdeo cerca de la cocina, que también es estrategia

Una cosa que aprendimos (o que Laura me enseñó ) es que el verdeo tiene que estar cerca de la puerta de la cocina. No en el fondo del jardín. Cerca, para que cuando uno necesite un puñado de ciboulette o un poco de puerro para las empanadas, salga, corte con la tijerita y listo.

Así que eso hicimos: verdeo, puerro y cebollas brotadas en macetas y canteros cerca de la entrada. Los ajos también están ahí, brotando, esperándonos para noviembre o diciembre. El perejil ya está consolidado ahi y viene muy bien.


Los tomillos bebés, los únicos aromáticos que sobrevivieron

Sembramos varias aromáticas esta temporada. La mayoría no germinó, o germinó mal, o simplemente desapareció. Los únicos que se pusieron firmes fueron los tomillos.

Y están preciosos, chiquititos, todavía en la plantinera cubiertos con nylon a la noche para protegerlos de la helada. No van a ir afuera hasta la primavera, cuando estén más fuertes. Por ahora, los miramos crecer y les tenemos paciencia.


Seguir cuando no todo sale

La huerta en invierno enseña algo que cuesta aceptar: no todo lo que plantás va a prosperar, y eso no significa que estés haciendo algo mal.

Las babosas son parte del sistema. La falta de sol es parte del invierno. El bancal sin cobertura, las lechugas que se rebrotan del tronquito después de la cosecha, los ajos que van despacio… todo eso es parte de lo mismo.

Y sin embargo uno sigue. Trasplanta las lechugas que quedan, pone dos brócolis más aunque sabe que hay babosas, espera a que el rabanito engorde. Porque eso es lo que significa tener una huerta: seguir sembrando aunque no salga todo.

Si querés ver cómo quedó todo en detalle, te lo mostramos en el video de esta semana 👇

 

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Gracias por estar,

gracias por leer

Seguimos sembrando…

Seguimos aprendiendo…
Laura y Matías
Alma de Almeyra  🌿

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